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Publicado: 16-12-2025

DOI: https://doi.org/10.58994/adopa.v3i3.93

Editorial

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1.
Morla Báez E. Editorial. ADOPA. 2025;3(3):3-4. Disponible en: https://www.adopa.pediatriadominicana.org/index.php/adopa/article/view/93

Resumen

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha alertado sobre el aumento global de la gripe estacional desde octubre de 2025, con predominio del virus de influenza A (H3N2), especialmente la subclase genética K. Este incremento coincide con el inicio del invierno.

Algunos países han registrado un inicio temprano de la temporada de gripe, mientras que en otros la actividad apenas comienza a superar los umbrales epidémicos.

Esta variante viral ha demostrado ser altamente transmisible y ha adelantado la temporada gripal varios meses respecto a años anteriores.

Este adelantamiento de la temporada hace que hospitales y clínicas se enfrenten a mayores cargas más temprano de lo esperado, complicando la planificación y respuesta sanitaria. Los centros de atención primaria registran tasas de casos muy por encima de temporadas previas, y se anticipa que la presión continuará durante las festividades y hasta bien entrado el invierno.

El presente escenario tiene consecuencias sociales y económicas: hay aumentos en ausentismo laboral, cierre de escuelas en zonas con alta transmisión y una mayor demanda de recursos médicos, lo que recuerda los desafíos recientes en la gestión de pandemias y epidemias respiratorias.

La gripe no es una enfermedad menor: cada año causa millones de casos y cientos de miles de muertes, y sus efectos son particularmente graves en los grupos más vulnerables como son los niños y los adultos mayores, principal- mente aquellos con una condición crónica que suele afectar su inmunidad. Los pequeños se contaminan de manera rápida en los centros educativos y conta- gian a los adultos en sus hogares.

En cuanto al diagnóstico, la OMS sugirió el uso de pruebas de amplificación de ácidos nucleicos (NAAT) para confirmar casos graves y la aplicación de pruebas rápidas o digitales en casos menos severos, según los recursos disponibles.

Los cuidados generales y la vacunación siguen siendo las herramientas más eficaces para reducir la morbilidad y mortalidad por infección, sobre todo cuando circulan variantes altamente transmisibles.

Aunque la efectividad de la vacuna puede variar según la temporada y el grupo de riesgo, los datos preliminares de la OMS indican que la vacuna actual ofrece una protección del 70-75 % para evitar hospitalizaciones en niños de 2 a 17 años y del 30-40 % en adultos.

El uso de antivirales está indicado para quienes presentan mayor probabilidad de desarrollar complicaciones graves.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha alertado sobre el aumento global de la gripe estacional desde octubre de 2025, con predominio del virus de influenza A (H3N2), especialmente la subclase genética K. Este incremento coincide con el inicio del invierno.

Algunos países han registrado un inicio temprano de la temporada de gripe, mientras que en otros la actividad apenas comienza a superar los umbrales epidémicos.

Esta variante viral ha demostrado ser altamente transmisible y ha adelantado la temporada gripal varios meses respecto a años anteriores.

Este adelantamiento de la temporada hace que hospitales y clínicas se enfrenten a mayores cargas más temprano de lo esperado, complicando la planificación y respuesta sanitaria. Los centros de atención primaria registran tasas de casos muy por encima de temporadas previas, y se anticipa que la presión continuará durante las festividades y hasta bien entrado el invierno.

El presente escenario tiene consecuencias sociales y económicas: hay aumentos en ausentismo laboral, cierre de escuelas en zonas con alta transmisión y una mayor demanda de recursos médicos, lo que recuerda los desafíos recientes en la gestión de pandemias y epidemias respiratorias.

La gripe no es una enfermedad menor: cada año causa millones de casos y cientos de miles de muertes, y sus efectos son particularmente graves en los grupos más vulnerables como son los niños y los adultos mayores, principal- mente aquellos con una condición crónica que suele afectar su inmunidad. Los pequeños se contaminan de manera rápida en los centros educativos y conta- gian a los adultos en sus hogares.

En cuanto al diagnóstico, la OMS sugirió el uso de pruebas de amplificación de ácidos nucleicos (NAAT) para confirmar casos graves y la aplicación de pruebas rápidas o digitales en casos menos severos, según los recursos disponibles.

Los cuidados generales y la vacunación siguen siendo las herramientas más eficaces para reducir la morbilidad y mortalidad por infección, sobre todo cuando circulan variantes altamente transmisibles.

Aunque la efectividad de la vacuna puede variar según la temporada y el grupo de riesgo, los datos preliminares de la OMS indican que la vacuna actual ofrece una protección del 70-75 % para evitar hospitalizaciones en niños de 2 a 17 años y del 30-40 % en adultos.

El uso de antivirales está indicado para quienes presentan mayor probabilidad de desarrollar complicaciones graves.

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