Introducción
Los departamentos de emergencias están estructurados en diferentes áreas, diseñadas para optimizar la atención de los pacientes según las características de su condición clínica. Entre estas, el área de trauma shock desempeña un papel fundamental en la atención de pacientes críticamente enfermos. Esta unidad está destinada al manejo avanzado de pacientes con inestabilidad hemodinámica o compromiso vital que requieren monitorización continua e intervenciones inmediatas para preservar la vida. Asimismo, incluye la atención de pacientes en paro respiratorio y/o cardiorrespiratorio, constituyendo un componente esencial del abordaje integral en los servicios de emergencias1.
La variedad y complejidad de los diagnósticos, junto con la presencia de una amenaza vital inmediata, justifican el manejo inicial de estos pacientes en áreas especializadas del servicio de emergencias. Esto se sustenta en la disponibilidad de monitorización avanzada, apoyo diagnóstico (laboratorio e imágenes) y personal altamente capacitado, lo que permite una evaluación interdisciplinaria y una interconsulta oportuna2.
Además, este entorno se caracteriza por la necesidad de realizar procedimientos avanzados e invasivos de forma inmediata, dado que cualquier retraso puede comprometer la vida del paciente. En este contexto, la ejecución de dichos procedimientos es frecuente y resulta fundamental para una adecuada monitorización y el manejo oportuno de posibles complicaciones3.
La implementación de sistemas de trauma en las áreas de reanimación ha demostrado un impacto positivo en la reducción de la mortalidad, mediante la estandarización de estrategias y la organización de la respuesta en emergencias. No obstante, su interpretación, aplicabilidad e implementación continúan representando desafíos en el contexto latinoamericano4.
La comprensión de estas características epidemiológicas, clínicas y terapéuticas resulta clave para optimizar las estrategias de atención y mejorar los resultados clínicos.
Método
Se realizó un estudio descriptivo, transversal, con recolección de datos en pacientes pediátricos atendidos durante seis meses en el área de trauma shock del Hospital Pediátrico Dr. Robert Reid Cabral de la República Dominicana. Se analizaron variables como edad, sexo, patologías, condición clínica, intervenciones terapéuticas, fármacos utilizados, equipamiento, pruebas complementarias e interconsultas. Los datos fueron procesados mediante estadística descriptiva para determinar frecuencias y distribución de las variables.
Este estudio contó con la aprobación del comité de investigación de la institución.
Resultados
Se incluyeron 252 pacientes, con predominio del sexo masculino (64 %). El grupo etario más frecuente fue el de lactantes (35 %), seguido de adolescentes (33 %) (Tabla 1).
Tabla 1. Frecuencia de las edades y distribución del sexo de los pacientes atendidos en trauma shock
| Edad |
N= 252 |
(%) |
| Lactantes (1mes- 2años) |
88 |
35% |
| Adolescentes (11-17años) |
83 |
33% |
| Recién nacidos (0-28 días) |
35 |
14% |
| Preescolares (3-5 años) |
25 |
10% |
| Escolares (6-10 años) |
21 |
9% |
| Sexo |
| Masculino |
161 |
64% |
| Femenino |
91 |
36% |
| Total |
252 |
100% |
Fuente: formulario de recolección de datos.
La condición clínica predominante fue la alteración respiratoria (35 %), seguida de alteración cardiovascular (24 %) y neurológica (21 %) (Figura 1).

Figura 1. Distribución de la condición clínica de los pacientes atendidos en trauma shock
Fuente: formulario de recolección de datos.
Las patologías más frecuentes fueron la sepsis (13.9 %) y las neumonías complicadas (9.4 %). En tercer lugar, se encontraron los trastornos metabólicos, principalmente la cetoacidosis diabética e hiperglicemia (8.4 %). Con una frecuencia similar, los eventos neurológicos, incluyendo crisis convulsivas y estatus epiléptico (7.4 %) (Tabla 2).
Tabla 2. Frecuencia de las patologías de los pacientes atendidos en trauma shock
| Patología presuntiva o confirmada |
N = 252 |
(%) |
| Sepsis | 34 | 13.9% |
| Neumonías complicadas | 24 | 9.4% |
| Cetoacidosis diabética / Hiperglicemia | 21 | 8.4% |
| Crisis convulsivas / Epilepsia | 20 | 7.4% |
| Cardiopatías | 18 | 7.1% |
| Quemaduras | 16 | 6.3% |
| Neuroinfección | 15 | 5.9% |
| Trauma cráneo encefálico | 14 | 5.4% |
| Bronquiolitis | 13 | 5.0% |
| Politraumatismo | 11 | 4.5% |
| Hemoglobinopatía SS | 10 | 4.0% |
| Nefropatías | 9 | 3.5% |
| Sangrado gastrointestinal | 9 | 3.5% |
| Asma en crisis | 8 | 3.0% |
| Oncológicos | 8 | 3.0% |
| Fiebres prolongadas | 4 | 1.5% |
| Heridas | 4 | 1.5% |
| Abdomen agudo | 4 | 1.5% |
| Megacolon congénito | 4 | 1.5% |
| Asfixia perinatal | 3 | 1.0% |
| Total | 252 | 100% |
Fuente: formulario de recolección de datos.
El uso de equipamiento, como tubo de muestras, kit de monitorización y canalización y material gastable, fue total (100 %). La oxigenoterapia fue usual (90.1 %). Respecto al uso de kit de sutura (44.1 %), acceso venoso central (23.8 %) e intubación (20.8 %) (Tabla 3).
Tabla 3. Prevalencia de los equipos utilizados en trauma shock
| Equipo |
N |
(%) |
| Tubos de muestras | 252 | 100% |
| Kit de monitorización | 252 | 100% |
| Material gastable | 252 | 100% |
| Kit de canalización | 252 | 100% |
| Oxigenoterapia | 226 | 90% |
| Kit de sutura | 110 | 44% |
| Kit de catéter de vía central | 60 | 24% |
| Kit de intubación endotraqueal | 52 | 21% |
| Kit de sonda de pleurostomía | 12 | 5% |
| Kit de toracentesis | 3 | 1% |
Fuente: formulario de recolección de datos.
Los fármacos más utilizados fueron los analgésicos/sedación (92.6 %) y los antibióticos (88.1 %). Destaca el uso de la solución lactato de Ringer (67.0 %) y los vasopresores (45.5 %). Los relajantes musculares (23.3 %), anticonvulsivos (20.8 %) y esteroides (15.3 %), tuvieron uso intermedio, mientras que el resto fue menor (<15 %) (Figura 2).

Figura 2. Distribución de fármacos utilizados en trauma shock
Fuente: formulario de recolección de datos.
La prueba complementaria universal fue el hemograma (100 %). La tipificación y cruce (81 %), las químicas básicas (74 %) y los tiempos de coagulación (71 %) fueron también frecuentemente solicitados, seguidos de la gasometría (58 %). En menor proporción se realizaron cultivos (30 %), químicas especiales (21 %) y tiras de orina (20 %). En total, se efectuaron 1 141 pruebas (Figura 3).

Figura 3. Distribución de las pruebas complementarias en trauma shock
Fuente: formulario de recolección de datos.
Se realizaron 291 estudios de imágenes y pruebas diagnósticas, predominando las radiografías (61.3 %), seguidas de POCUS (23.8 %) y la tomografía axial computarizada (12.9 %). En menor relación, sonografías convencionales (9.9 %) y EKG (7.9 %).

Figura 4. Frecuencia de estudios de imágenes y pruebas diagnósticas en trauma shock
Fuente: formulario de recolección de datos.
Se realizaron 363 interconsultas, siendo la unidad de cuidados intensivos la más frecuente (46.5 %), seguida de infectología (15.8 %), neurología (14.9 %) y neumología (12.9 %). Otras especialidades como cardiología, hematooncología y endocrinología se solicitaron con menor frecuencia (Tabla 4).
Tabla 4. Distribución de las interconsultas solicitadas en trauma shock
| Interconsultas |
N |
% |
| Unidad cuidados intensivos | 154 | 42.5% |
| Infectología | 57 | 15.8% |
| Neurología | 54 | 14.9% |
| Neumología | 47 | 12.9% |
| Cardiología | 25 | 8.4% |
| Hematooncología | 29 | 7.9% |
| Endocrinología | 25 | 6.9% |
| Cirugía | 20 | 5.4% |
| Neurocirugía | 18 | 5.0% |
| Nefrología | 16 | 4.5% |
| Ortopedia | 13 | 3.5% |
| Gastroenterología | 13 | 3.5% |
| Cirugía plástica | 9 | 2.5% |
| Otorrinolaringología | 7 | 2.0% |
| UCIN | 7 | 2.0% |
| Cirugía vascular | 5 | 1.5% |
| Oftalmología | 3 | 1.0% |
| Total | 363 | |
Fuente: formulario de recolección de datos.
Discusión
El presente estudio describe el perfil epidemiológico, clínico y terapéutico de los pacientes atendidos en el área de trauma shock pediátrico de un hospital de referencia en la República Dominicana, evidenciando la alta complejidad y demanda de recursos en este escenario crítico. En nuestro conocimiento, constituye una de las primeras investigaciones nacionales en caracterizar esta población. Se observó un número considerable de pacientes atendidos en el área de trauma shock, en contraste con reportes de otras regiones5.
El predominio del sexo masculino y la mayor frecuencia en lactantes y adolescentes son hallazgos consistentes con la literatura, donde estos grupos presentan mayor vulnerabilidad a enfermedades infecciosas graves; en los adolescentes, además, se asocian eventos agudos como trauma y descompensaciones de patologías de base, incluyendo cetoacidosis diabética y epilepsia6.
En este contexto, la sepsis y las neumonías complicadas se posicionaron como las principales entidades diagnósticas, en concordancia con lo descrito en países de ingresos bajos y medios, donde las infecciones continúan siendo una causa predominante de morbimortalidad infantil. Estos hallazgos se correlacionan con el predominio de alteraciones respiratorias y cardiovasculares observadas en la población estudiada7, 8.
El abordaje terapéutico evidenció un uso intensivo de recursos. La oxigenoterapia fue casi universal, y una proporción significativa de pacientes requirió intervenciones avanzadas como acceso venoso central e intubación endotraqueal, lo que confirma la gravedad de los casos atendidos. Asimismo, el uso elevado de antibióticos, soluciones intravenosas —particularmente lactato de Ringer— y vasopresores sugiere una alta carga de pacientes con compromiso hemodinámico, probablemente de origen infeccioso9, 10.
En cuanto al uso de fármacos, destaca la elevada frecuencia de sedoanalgesia, lo cual es coherente con la necesidad de realizar procedimientos invasivos de forma segura y efectiva en un entorno controlado, garantizando la estabilidad del paciente crítico3.
El análisis de las pruebas complementarias refleja un enfoque diagnóstico integral, con un número elevado de estudios por paciente, evidenciando su papel esencial tanto en la estabilización inicial como en la toma de decisiones terapéuticas posteriores. En relación con las imágenes diagnósticas, las radiografías continúan siendo la herramienta más utilizada, seguidas del POCUS, cuyo uso relevante en este estudio evidencia su creciente incorporación como herramienta de evaluación rápida en emergencias. Este hallazgo resulta especialmente relevante en contextos de recursos limitados, donde el ultrasonido a pie de cama permite optimizar la toma de decisiones clínicas en tiempo real11, 12.
El alto número de interconsultas, especialmente con la unidad de cuidados intensivos, pone de manifiesto la elevada complejidad de estos pacientes y la frecuente necesidad de transferencia a unidades especializadas tras su estabilización inicial. La participación de especialidades como infectología, neurología y neumología refuerza la naturaleza multidisciplinaria del manejo y la importancia de una adecuada coordinación entre servicios.
En conjunto, estos resultados evidencian que el área de trauma shock no solo constituye un espacio de estabilización inicial, sino un entorno de manejo avanzado, donde convergen múltiples intervenciones diagnósticas y terapéuticas en un corto período de tiempo, en su mayoría tiempo-dependientes. En este sentido, la adecuada disponibilidad de recursos, equipamiento y personal capacitado es fundamental para garantizar una atención oportuna y mejorar los desenlaces clínicos13.
Conclusión
Los pacientes atendidos en el área de trauma shock pediátrico en nuestro hospital presentan una alta carga asistencial en comparación con otras regiones, así como una elevada complejidad clínica, requiriendo intervenciones terapéuticas avanzadas y manejo multidisciplinario. La caracterización de su perfil epidemiológico y clínico permite fortalecer la planificación de recursos, optimizar los protocolos de atención y contribuir a la mejora de la calidad del cuidado en emergencias pediátricas.
Por lo tanto, es imperativo que las salas de trauma shock estén adecuadamente equipadas y cuenten con todos los insumos y recursos necesarios para la atención de estos pacientes.
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